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1月31日 SIETE VIENTOS EN LOS CALENDARIOS Y LAS GEOGRAFÍAS DE ABAJOPrimer Viento: una digna juventud rabiosa
Buenas noches. Sintrófisa, síntrofe, Ekseyerméni Eláda. Emís, i pió mikrí, apó aftí ti goniá tu kósmu se jeretáme.
Déksu ton sevasmó mas ke ton zavmasmó mas giaftó pu skéftese ke kánis. Apó makriá mazménume apó séna. Efjaristúme. (Espero no haber dicho una grosería, lo que quise decir fue: “Compañera, compañero, Grecia rebelde. Nosotros, los más pequeños, desde este rincón del mundo te saludamos. Recibe nuestro respeto y admiración por lo que piensas y haces. Desde lejos aprendemos de ti. Gracias”.)
I
De las violencias y otras cosas Desde hace mucho tiempo, el problema de los calendarios y las geografías han desvelado y develado al Poder. En unos y en otras ha visto (y verá) cómo su flamante engranaje de dominación se atasca y descompone. Por eso es que trata de poner mucho cuidado en el manejo de las geografías y los calendarios. En las geografías puede parecer más claro: en su torpe truco, que este Festival ha develado, Grecia queda muy lejos de Chiapas. Y en las escuelas se enseña que México queda separado por un océano de Francia, el País Vasco, el Estado Español, Italia. Y si vemos un mapa, podemos notar que Nueva York queda muy al norte de la Chiapas indígena mexicana. Algo que fue refutado hace unas horas por las compañeras y compañeros del Movimiento Justicia para el Barrio. Y la Argentina queda muy al sur de esta tierra, algo desafiado por el compañero de Solano que acaba de hablar. Pero ni arriba ni abajo hay esa separación. La brutal globalización neoliberal, la IV Guerra Mundial que le decimos los zapatistas, puso a los lugares más distantes en simultaneidad espacial y temporal para el flujo de riquezas… y para su apropiación. Ya no más los cuentos fantasiosos sobre los supuestamente heroicos descubridores-conquistadores, que vencían con espada y cruz la debilidad de quienes eran “civilizados”. En lugar de las 3 carabelas, una computadora de alta velocidad. En lugar de un Hernán Cortés, un títere simultáneo hecho gobierno en cada rincón del planeta. En lugar de espadas y cruces, una maquinaria de destrucción masiva y una cultura que tiene en común con el “fast food” no sólo su omnipresencia (Mc Donalds, como dios, está en todas partes), también su difícil digestión y su nulo poder nutritivo. Y esa misma globalización hace que las bombas de los gobiernos israelí y norteamericano caigan en Gaza al mismo tiempo que estremecen el mundo entero. Con la globalización el mundo entero de arriba se nos puso a la mano… mejor dicho, a la mirada y a la conciencia. Las bombas que asesinan civiles palestinos son también una advertencia que hay que aprender y asimilar. Y el zapatazo a Bush en Irak puede ser reproducido en casi cualquier rincón del planeta. Y todo va de la mano del culto a lo individual. El entusiasmo que despertó entre los bien portados el zapatazo a Bush (que sólo evidencia la mala puntería del periodista), es festinar un gesto valiente pero inútil e intrascendente para lo fundamental, como semanas después lo demuestra el apoyo del gobierno de Bush al crimen que el gobierno israelí perpetra en territorio palestino… y, perdonen si desilusiono a alguien que haya encendido sus velas al pie de la imagen de Barack Obama, que el sucesor de Bush respalda. Y mientras la mala puntería en Irak provoca aplausos, la insurrección en Grecia provoca preocupaciones: “Hay el peligro”, alertan y exorcizan, “de que la rebelión en Grecia se extienda al resto de Europa”. Ya hemos escuchado y leído lo que nos comunica la rebelde juventud griega de su lucha y de lo que enfrenta. Lo mismo de quienes en Italia se preparan para resistir a la fuerza del gobierno. Y la lucha cotidiana de nuestr@s compas en el norte del norte. Y frente a esto, allá arriba todos sacan sus diccionarios y encuentran la palabra “violencia” y la contraponen a “institucionalidad”. Y sin darle contexto, es decir, posición de clase, acusan, juzgan y condenan. Y nos dicen que es violenta la juventud griega que hace arder la península helénica. Claro que se edita, se mutila, se borra el hecho de que la policía asesinó a un joven. En México, en la geografía marcada por la ciudad del mismo nombre, un gobierno de izquierda institucional asesinó a un grupo de jóvenes, adolescentes en su mayoría. Un sector de la intelectualidad progresista guardó un silencio cómplice argumentando que eso era para distraer la atención del público, supuestamente puesta en el carnaval en que se convirtió la supuesta defensa del petróleo. La agresión sexual posterior a las mujeres jóvenes en los separos de la policía se perdió entre el sonido de los bombos y platillos anunciando una consulta que después fue un fracaso. Y, en cambio, no se condenó la violencia de la policía, que, contra lo que se dijo, no actuó desordenadamente. Esa policía ha sido preparada desde hace años para reprimir, hostigar y abusar de jóvenes, de vendedores ambulantes, de trabajador@s sexuales, de colonos y de todo aquel que disienta del gobierno de las pistas de hielo, los mega espectáculos al estilo Fujimori y las recetas para hacer galletitas. Y no hay que olvidar que la doctrina que anima a esta policía fue importada a la Ciudad de México por el hoy presidente “legítimo” de México cuando era jefe de gobierno del DF. En la Ciudad de México y en Grecia los gobiernos asesinan jóvenes. La mancuerna gubernamental EU-Israel marca ahora en Gaza la pauta a seguir: es más efectivo matarlos cuando son niños. Ya antes, en México, en el presente calendario serán ya 10 años, jóvenes estudiantes de la UNAM levantaron un movimiento que desesperó a la izquierda bien portada que, histérica como hoy, los calumnió y desprestigió con ferocidad. Y también entonces se dijo que era un movimiento violento para distraer la atención de la gris campaña electoral del gris candidato presidencial del gris partido de la revolución democrática. Ahora, 10 años después, habría que recordar que la UNAM sigue siendo pública y gratuita gracias al empeño de esos hombres y mujeres, jóvenas y jóvenes a quienes hoy saludamos. Pero en nuestro dolorido México quienes se llevan el primer lugar en usos y abusos de manosear el término “violencia” son Felipe Calderón Hinojosa y medios de comunicación que lo acompañan (cada vez menos, por cierto). El señor Calderón, aficionado a los juegos de computadora de estrategia en tiempo real (su juego favorito, lo declaró alguna vez, es “Age of Empires”, —la época de los imperios—), decidió que, en lugar de pan y circo, al pueblo había que darle sangre. Como el circo ya lo dan los políticos profesionales y el pan está muy caro, Calderón decidió, apoyado en un bando de narcotraficantes, hacerle la guerra al otro bando. Violando la Constitución, sacó al ejército a cumplir labores de policía, ministerio público, juzgado, carcelero y ejecutor. Que esa guerra la está perdiendo lo sabe cualquiera que no sea de su gabinete —y que la muerte de su pareja sentimental fue un asesinato, también se sabe aunque no se publique—. Y en su guerra, las fuerzas del gobierno de Calderón tienen en su haber el asesinato de no pocas personas que nada debían, de niños y de no natos. Con Calderón al frente, el gobierno de México va un paso adelante de los de Estados Unidos e Israel: él los mata desde que están en el vientre materno. Pero se dijo, y todavía lo repiten locutores y editorialistas, que se iba a usar la fuerza del Estado para combatir a la violencia del crimen organizado. Y cada vez más se ve que el crimen organizado es quien dirige la fuerza del Estado. Aunque tal vez todo se trate de una inteligente estratagema de Calderón y su objetivo sea distraer la atención de la gente. Ocupado como está el público con el sangriento fracaso de la guerra contra el narcotráfico, puede que no se dé cuenta del fracaso calderonista en política económica. Pero volvamos a las condenas a la violencia que desde arriba se hacen. Hay una trasmutación tramposa, una falsa tautología: dicen condenar la violencia pero en realidad condenan la acción. Para ellos, los de arriba, la inconformidad es un mal del calendario o, cuando también se desafía a éste, una patología cerebral que se cura, según algunos, con mucha concentración mental, poniéndose en armonía con el universo y así todos somos seres humanos… o ciudadanos. Para estos violentos pacifistas todos son seres humanos: lo es la joven griega que levanta la mano con una molotov en ella y el policía que asesina a los Alexis que en el mundo han sido y serán; lo es el niño palestino que llora en el funeral de sus hermanitos muertos por las bombas israelíes y el piloto del avión de combate con la estrella de David en el fuselaje; lo es el señor George W. Bush y el indocumentado asesinado por la Border Patrol en Arizona, EU; lo es el multimillonario Carlos Slim y la mesera de un Sanborns que debe viajar 3 ó 4 horas para llegar al trabajo y salir de él, y si llega tarde la despiden; lo es el señor Calderón, quien se dice jefe del ejecutivo federal mexicano, y el campesino despojado de su tierra; lo es el señor López Obrador y los indígenas asesinados en Chiapas a quienes ni vio ni oyó; lo es el señor Peña Nieto, depredador del estado de México y el campesino Ignacio Del Valle, del FPDT, preso por defender a los pobres; en fin, lo son los hombres y mujeres que tienen la riqueza y el poder, y las mujeres y hombres que no tienen nada más que su digna rabia. Y allá arriba demandan y exigen: “Hay que decir no a la violencia, venga de donde venga”… teniendo cuidado de hacer énfasis si la violencia viene de abajo. Según ellos, todos y todas deben ponerse en armonía para que sus diferencias y contradicciones se resuelvan y gritar la consigna: “el pueblo armado también es explotado”, refiriéndose a soldados y policías. Nuestra posición como zapatistas es clara. No apoyamos el pacifismo que se enarbola para que sea otro el que ponga la otra mejilla, ni la violencia que se alienta cuando son otros quienes ponen los muertos. Nosotros somos quienes somos, con todo lo bueno y todo lo malo que cargamos y que es nuestra responsabilidad. Pero sería ingenuo pensar que todo lo bueno que hemos logrado, incluido el privilegio de escucharlos y aprender de ustedes, se hubiera conseguido sin la preparación de una década entera para que amaneciera el Primero de Enero como de por sí amaneció hace 15 años. No fue con una marcha o un desplegado de los-abajo-firmantes que nos dimos a conocer. Fue con un ejército armado, con los combates contra las fuerzas federales, con la resistencia armada, que nos dimos a conocer al mundo. Y nuestros compañeros y compañeras caídos, muertos y desaparecidos, lo han sido en una guerra violenta que no empezó hace 15 años, sino hace 500 años, hace 200 años, hace 100 años. No estoy haciendo una apología de la violencia, estoy señalando un hecho constatable: en guerra nos conocieron, en guerra nos hemos mantenido estos 15 años, en guerra seguiremos hasta que este rincón del mundo llamado México haga suyo su propio destino, sin trampas, sin suplantaciones, sin simulaciones. El Poder tiene en la violencia un recurso de dominación, pero también lo tiene en el arte y la cultura, en el conocimiento, en la información, en el sistema de justicia, en la educación, en la política institucional y, por supuesto, en la economía. Cada lucha, cada movimiento, en sus muy particulares geografías y calendarios, debe recurrir a diversas formas de lucha. No es la única y probablemente no sea la mejor, pero la violencia es una de ellas. Es un gesto bello el enfrentar con flores los cañones de los fusiles, vaya hasta hay fotos eternizando el acto. Pero a veces es necesario hacer que esos fusiles cambien de objetivo y se dirijan hacia arriba. El acusador y el acusado Se nos acusa de muchas cosas, es cierto. Y probablemente seamos culpables de alguna de ellas, pero ahora quiero detenerme en una: No disparamos al reloj del tiempo ese primero de enero, ni lo convertimos en una fiesta nostálgica de derrota, como han hecho con el 68 algun@s de esa generación en todo el mundo, como lo han hecho en México con el 88 y ahora hasta con el 2006. Sobre este culto enfermizo por los calendarios trucados volveré después. Tampoco editamos la historia para renombrarla señalando que somos o fuimos los únicos o los mejores, o ambas cosas (que es lo que hace esa histeria grupal que es el movimiento lopezobradorista, pero ya volveré sobre esto después). Hubo y hay quienes nos critican que no hayamos dado el salto “a la realpolitik” cuando nuestros bonos políticos, es decir nuestro rating mediático, favorecía un buen precio por nuestra dignidad en el mercado de opciones electorales (que no políticas). Nos acusan, en concreto, de no haber sucumbido a la seducción del poder, ésa que ha logrado que gente muy brillante de izquierda diga y haga cosas que serían una vergüenza para cualquiera. Nos acusaron también de “desvarío ultra” o “radicalismo” porque en la VI Declaración señalamos al sistema capitalista como el causante de los principales males que aquejan a la humanidad. Hoy ya no insisten en eso, porque hasta los voceros del gran capital financiero en Wall Street lo dicen. Por cierto, ahora que todo mundo dice y redice sobre la crisis global, habría que recordar que hace ya 13 años, en 1996, fue advertida por un escarabajo digno y rabioso. Don Durito de La Lacandona, en la ponencia más breve que he escuchado en mi corta edad, dijo “el problema con la globalización es que luego los globos se revientan”. Nos acusan de no constreñirnos a la supervivencia que con sacrificios y el apoyo de los abajos en los rincones del planeta hemos edificado en estas tierras indias, y de no encerrarnos en lo que las mentes lúcidas (así se dicen) llaman “el laboratorio zapatista” o “la comuna de la Lacandona”. Nos acusan de salir, una y otra vez, para confrontar al Poder y para buscar a otras, otros, ustedes, que lo confronten sin falsos consuelos ni conformismos. Nos acusan de haber sobrevivido. Y no se refieren a la resistencia que 15 años después nos permite decir que seguimos luchando, no sólo viviendo. Lo que les molesta es que hayamos sobrevivido como otro referente de la lucha, de la reflexión crítica, de la ética política. Nos acusan, quién lo fuera a decir, de no habernos rendido, de no habernos vendido, de no haber claudicado. Nos acusan, en suma, de ser zapatistas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hoy, 515 años después, 200 años después, 100 años después, 25 años después, 15 años después, 5 años después, 3 años después, declaramos: somos culpables. Y, puesto que es el modo neozapatista, no sólo lo confesamos, también lo celebramos. No imaginamos que esto le iba a doler a algunos que allá arriba simulan progresismo o se visten de una izquierda de amarillo descolorido o sin siquiera color, pero hay que decirlo: El EZLN vive. ¡Viva el EZLN! Muchas gracias. Subcomandante Insurgente Marcos. 1月25日 Es preciso desconstruir la economía existente y construir otra. Hacia una racionalidad ambientalPor Enrique Leff
De la contradicción entre economía y ecología, de ese imposible que sería el “desarrollo sostenible”, surge la inquietud de saber si otra economía es posible
Más allá del rechazo a la mercantilización de la naturaleza, es preciso desconstruir la economía realmente existente y construir otra, fundada en una racionalidad ambiental. ¿Qué significa esto?
La frase parte de una constatación: la causa fundamental de la crisis ambiental, de la degradación ecológica y del calentamiento global, es el proceso económico que actúa como motor generador de entropía, que acelera la muerte del planeta.
Además, no es posible decrecer manteniendo la misma estructura de la economía, que impulsa a ésta a seguir creciendo, incrementando su consumo entrópico de la naturaleza y destruyendo las bases de sustentabilidad de la propia economía y de la vida misma.
Si estas aseveraciones son certeras, surge la pregunta sobre la posibilidad de recomponer la economía agregándole normas ecológicas, innovaciones tecnológicas y contrapesos distributivos. En otras palabras, ¿es posible reequilibrar la economía dentro de la misma racionalidad --teórica e instrumental, económica y jurídica-- que la ha constituido?
De la contradicción entre economía y ecología, de ese imposible que sería el “desarrollo sostenible”, surge la inquietud de saber si otra economía es posible: si es posible crear otra racionalidad productiva, fundada en otros principios productivos y en otros valores sociales.
Desde hace más de tres décadas hemos venido proponiendo una reconstrucción de la economía fundada en el principio de una productividad ecotecnológica sustentable, en una racionalidad productiva asentada en los potenciales de la ecología, la productividad tecnológica y la creatividad cultural.
Esta conjunción de procesos vendría a suplantar a una economía fundada en el capital, el trabajo y la tecnología como factores fundamentales de la producción, que han desconocido la trama ecológica que constituye las condiciones de sustentabilidad de la economía y que han “externalizado” y desvalorizado a la naturaleza, para cosificarla y convertirla en recursos naturales, en materia prima, en objetos de trabajo, en simple materia y energía que alimenta el proceso productivo.
El concepto de entropía procede de la termodinámica: la cantidad de energía libre que se puede transformar en trabajo mecánico disminuye de forma irreversible con el tiempo.
La transición hacia la sustentabilidad implica pasar de una economía entrópica a una economía "neguentrópica", es decir, basada en el principio de la vida: en la capacidad fotosintética del planeta, en la organización ecológica de cada ecosistema y la organización cultural de cada territorio de vida. Ello llevaría a un balance entre entropía y neguentropía en los procesos productivos.
La racionalidad ambiental orienta la construcción de una economía fundada en la fotosíntesis, que transforma la energía solar en biomasa. Pero no es simplemente una economía solar basada en un uso más intensivo de tecnologías y colectores solares.
Se trata de aprovechar el principio de productividad neguentrópica para magnificarlo a través de la organización ecosistémica del planeta, y de orientar las innovaciones hacia tecnologías adaptadas a la conservación productiva y a la oferta ecológica de los ecosistemas.
Pero tampoco sería una economía que hubiera pasado de la eficiencia tecnológica a la ecoeficiencia. No es una economía regida por una racionalidad ecológica, sino por otros principios y valores.
Una economía basada en la productividad ecológica es la del cuidado de la naturaleza, que enlaza a la naturaleza, como fuente de vida y de producción, con una ética y una estética de la naturaleza. Es el paso de una mitificación y adoración de lo natural a una conciencia de nuestra naturaleza humana y una ética de la responsabilidad hacia la vida.
La reconstrucción de la economía es un proceso de resignificación de la vida y de la existencia humana.
La construcción de la sustentabilidad no es pues una simple gestión ecológica de los potenciales productivos naturales. Implica una reapropiación de la naturaleza, y no solo una reapropiación productiva. La creatividad cultural no es apenas la de la eficacia productiva, es la del sentido, los valores asignados a la naturaleza como territorio de vida y como espacio para la recreación de la cultura.
La racionalidad ambiental va más allá de la ecologización del pensamiento y de un conjunto de instrumentos para una eficaz administración del ambiente.
Se trata de una teoría que orienta una praxis a partir de la subversión de los principios que han ordenado y legitimado la racionalidad teórica e instrumental de la modernidad.
Es una racionalidad que integra el pensamiento y los valores, la razón y el sentido, está abierta a la diferencia y a la diversidad, busca desconstruir la lógica unitaria y hegemónica del mercado para construir una economía global, integrada por economías locales basadas en la especificidad de la relación de lo material y lo simbólico, de la cultura y la naturaleza. www.ecoportal.net
Enrique Leff - Ambientalista, escritor y ex coordinador de la Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Derechos exclusivos Tierramérica.
1月12日 ¡PALESTINA L I B R E!
Emir Sader Gaza: preguntas y respuestas1) Las cuestiones de fondo en el conflicto palestino son el veto estadunidense y la oposición militar israelí a la resolución de Naciones Unidas acerca del derecho al establecimiento de un Estado de Israel y de un Estado palestino. El primero existe, por eso Estados Unidos –con su veto en el Consejo de Seguridad– e Israel, con la ocupación de los territorios palestinos, impiden que la resolución de la ONU sea puesta en práctica, única salida justa y con posibilidades de promover una paz duradera. 2) En las elecciones más democráticas realizadas en la región –de acuerdo con lo corroborado por la propia Fundación Carter– Hamas ganó. Las potencias occidentales, junto con Israel, promovieron el boicot a éstas, desconociendo la voluntad expresa de los palestinos. Esa es la razón coyuntural más cercana de los conflictos actuales. 3) Si Hamas es considerada una organización terrorista –que nunca invadió el territorio de Israel–, ¿cómo debe ser considerado el Ejército de ocupación israelí? 4) La teoría de las “guerras humanitarias” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), formulada por Tony Blair, promovió el bombardeo y la intervención en Yugoslavia, acusada de practicar una limpieza étnica. ¿No se aplica la mismísima teoría a Israel? 5) ¿Qué se debe hacer para que Israel pare la “carnicería” –según expresión de Lula– en Gaza? 6) La ruptura de la tregua no partió de Hamas sino de Israel, que en noviembre mató a seis dirigentes de esa organización. 7) El presidente de la República Checa, que también lo es de la Unión Europea desde el pasado 1º de enero, dice que “la acción de Israel es defensiva” (sic). Argumento similar utiliza la corriente revisionista de la historia alemana, que alega que los campos de concentración del nazismo fueron una acción preventiva (sic) equiparable –según el mismo razonamiento– a la represión bolchevique en la Unión Soviética. 8) La tesis central del sionismo señala que Israel es un pueblo escogido, de acuerdo con interpretaciones de textos religiosos anteriores al nazismo. De ahí que el holocausto sufrido en Alemania no puede ser comparado con nada. Esto es: el sufrimiento ajeno, inclusive el perpetrado por ellos, nunca es igual al propio. Comparte con Estados Unidos la tesis sobre el destino manifiesto, y acerca de Medio Oriente asume que le está predestinado y allí debe rescatar a la humanidad de la barbarie, imponiéndole su sistema político, fundado –supuestamente– en la libertad. 9) Israel justifica el bombardeo indiscriminado contra Gaza afirmando que en cualquier lugar, según ellos –mezquitas, escuelas, hospitales, etcétera–, podrían estar escondidas bombas y militantes de Hamas. La universidad atacada sería, según esta interpretación, un antro de profesores y estudiantes de Hamas. Atacan todo con la misma visión que los estadunidenses a Vietnam: hay que sacar el agua (el pueblo) a los peces (los militantes). Así se buscó destruir Vietnam, con bombas de napalm y terrestres, que hasta hoy los vietnamitas siguen removiendo. 10) Circula por ahí el desvergonzado argumento, para defender la carnicería israelí, que pregunta qué haría Brasil si un país fronterizo –algunos se atreven a mencionar a Uruguay– amenazara su existencia, sugiriendo que debiera hacer con ese vecino lo que Israel ejecuta contra palestinos de Gaza: una guerra de exterminio. En primer lugar, Brasil no ocupa ningún otro país y si algún gobierno aventurero lo intentara, no tendría ninguna posibilidad de conseguir el consenso interno que Israel obtiene para hacer la guerra a los palestinos: sus fuerzas democráticas se lo impedirían. Fue preciso que existiera en Brasil una feroz dictadura militar para enviar tropas a República Dominicana, junto con las de Estados Unidos, y ahogar así el movimiento democrático en aquel país. En segundo lugar, Uruguay, país de larga tradición democrática, nunca representará un riesgo de extinción para Brasil ni para ningún otro vecino. Es un sofisma ese argumento, al igual que el de Obama visitando Israel durante la campaña electoral, cuando dijo que si amenazaban a sus hijas, dormidas en su casa, se permitiría cualquier acción agresiva para defenderlas. Su silencio actual demuestra que las hijas de los israelíes son privilegiadas comparadas con las de los palestinos: éstas ocupan diariamente la prensa, heridas, aterrorizadas o en las morgues, esperando lugar para ser enterradas. Quien hoy no se indigna ante la masacre israelí y se refugia en el silencio o en sofismas, perdió su humanismo hace mucho tiempo. 11) Se puede hacer cualquier cosa con los misiles, menos sentarse encima de ellos (adaptando a esta época la fórmula clásica: antes eran las bayonetas). O sea que una victoria militar puede ser perdida políticamente por Israel. En Vietnam también la proporción era de una víctima estadunidense por 10 o 100 vietnamitas (allá también se mataba indiscriminadamente y se decía que eran guerrilleros: todo muerto se convertía en uno). En algún momento se exigirá el establecimiento de un nuevo acuerdo político, y éste, ¿Israel cree posible lograrlo con el odio que genera la carnicería que está produciendo, a lo que suma el extendido repudio de la opinión pública internacional? 12) Ningún pueblo del mundo que oprime a otro puede vivir en paz. Israel nunca tendrá paz mientras los palestinos persistan en defender su derecho a construir un Estado soberano. 13) Más que nunca los judíos de izquierda, progresistas o simplemente pacifistas, los que no están de acuerdo con la masacre de Israel al pueblo de Gaza, tienen que manifestarse para que no se los incluya en la justa condena a esa nación y al sionismo. 14) Yo no tengo raíces islámicas, a pesar de mi nombre. Soy hijo de libaneses católico-maronitas. Mi identificación con los palestinos hoy es la misma que tuve –como tantos– con los vietnamitas. Hoy, somos todos palestinos. Traducción: Ruben Montedónico |
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