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日志


5月30日

México: el ancestral tianguis de trueque en Cholula, una tradición muy lejos de perderse


La lluvia no fue un impedimento para que miles de comerciantes provenientes de diversos puntos de la región abarrotaran la plaza de La Concordia de San Pedro Cholula para formar parte del tradicional tianguis de trueque, que tiene su origen en la época prehispánica y en el que se prescinde de la utilización de moneda corriente para la compra de productos de temporada

Como desde hace 30 años, doña Francisca Pérez y Sandra Ramírez acuden, desde un pueblo de Izúcar de Matamoros, para intercambiar palma, servilletas y canastos por frutas de Calpan y San Nicolás de los Ranchos. “Por una servilleta bordada me dan una vasija de pera de leche”, explica Francisca; mientras que Sandra cambia una pequeña cesta por unas vainas de haba.

Así como ellas, unas mil personas, procedentes de Morelos, Guerrero, Tlaxcala y Veracruz, y de las comunidades que circundan a Cholula, acuden todos los 8 de septiembre para intercambiar peras, manzanas, duraznos, petates, chiquihuites, huajes, cuitocomate, cemitas, chiles, queso, incienso, canastas, hierbas de olor, tamales de charales, chapulín, maíz y otros semillas por productos que no se cosechan en sus lugares de origen.

El trueque de Cholula es único en su especie en México y forma parte de la veneración a Quetzalcóatl, los comerciantes y la fertilidad, que sigue reuniendo a campesinos y gente humilde que, como veneradores del dios de los comerciantes, traen consigo lo que elaboraban en su comunidad y lo intercambiaban con otros pueblos.

Después de la Conquista, los visitantes de la señora de los Remedios bajaban del cerro y aprovechaban para vender sus artesanías; no obstante, en la actualidad hay muchos productos de China, como algunos canastos, utensilios de cocina y sombreros de palma, que se confunden con la artesanía de Palmar de Bravo e Izúcar.

Por otro lado, Luis Lucas de Tlamacazapan, “por Taxco, Guerrero”, promueve una hermosa canasta de varios colores a cambio de cecina de Atlixco, queso de Chautla, y una jícara de pulque de Nanacamilpa, Tlaxcala. Pero le cuesta conseguirlo: “Quieren menos, y a mí tanto que me costó tejerla”, comenta.

En otro punto, doña Eulogia y su niña Paquita piden un ramo de cilantro por diez cemitas; y la misma cantidad de pan por un bulto de seis jícamas medianas.

Cuando algunos de los comerciantes llega con el médico tradicional, la cosa no es tan fácil. Él intercambia tres kilos de maíz y un bolsa de medio kilo de pinole por una medida (unos 300 gramos) de té de boldo; o bien un queso mediano por copal negro y flores de tila.

Las famosas cueclas (gusanos comestibles) son uno de los productos más caros. Tres cubetitas de manzana por una medida, considera doña Margarita, “es muy poco”; pero no le importa: “es que saben bien ricas con tortilla caliente y café”.

Así, mientras unos intercambian lo que han de comer en la semana; a unos pasos de la plaza el eclecticismo se apodera del lugar. “Pase a ver a la mujer lagarto, que en esta temporada de lluvia no se ahoga”, pregona en un altavoz el usurero del morbo de los niños. “Todo por cinco pesos, todo por cinco pesos… Hoy último día: animales fenómenos, anacondas y la mujer lagarto, en un solo lugar”.

Martín, de 10 años de edad, originario de San Juan Calmecac, lleva en mano una medida de ciruelas y le pregunta al encargado si lo deja entrar a cambio de la fruta, pero no lo convence. Furioso, el niño reclama: “pero si ya no es temporada y están bien caras”.

La Jornada de Oriente, México, 9-9-08

5月11日

Latente, plan federal para expropiar tierras, afirman atenquenses

 
 
Blanche Petrich
Enviada

San Salvador Atenco, Mex., 3 de mayo. Aunque el decreto que pretendía expropiar las tierras de los campesinos de San Salvador Atenco para construir un aeropuerto internacional fue derrotado ya una vez por las movilizaciones populares, en 2002; aunque ese gesto de resistencia fue duramente castigado con muerte, prisión y tortura en 2006, hoy –2009– sigue viva la intención gubernamental de instalar en la región un plan similar, advirtieron los representantes del Comité Justicia para Atenco.

Por eso el gobierno tiene presos a 11 dirigentes de este movimiento, con sentencias que van de 31 años a nueve detenidos en el penal estatal de Molino de Flores, Texcoco, hasta 67 años y 12 años, a tres recluidos en la cárcel de máxima seguridad del Altiplano. Son los rehenes del Estado. Los quieren mantener presos hasta que los pobladores de Atenco decidan vender sus terrenos, aseguró el periodista Luis Hernández Navarro.

Ayer, día de la Santa Cruz, los habitantes de este pueblo y quienes simpatizan con su causa se rebelaron contra la orden federal de no congregarse, no abrazarse y ni siquiera estrecharse civilizadamente la mano. Pese a lo que todos los oradores coincidieron en calificar de golpe de Estado sanitario, hubo un nutrido mitin frente a la casa ejidal del pueblo para refrendar su determinación de no olvidar lo ocurrido aquí mismo el 3 y 4 de mayo de 2006.

Fueron varios cientos de personas. Las suficientes para rebasar la sombra de dos grandes toldos. En el templete, flanqueando a Trinidad Ramírez, esposa de Ignacio del Valle, líder del Frente Popular de Defensa de la Tierra (FPDT), quien tendría que vivir 157 años para alcanzar la libertad, si acaso se cumpliera la atroz injusticia de su sentencia carcelaria, empuñaron el machete y se ciñeron el paliacate simbólico gente de cine y teatro, como Daniel Jiménez Cacho, Bruno Bichir, Ofelia Medina, Julieta Egurrola y Giovanna Cavasola; gente de letras e ideas, como Adolfo Gilly, Gilberto López y Rivas y Hernández Navarro, además de defensores de derechos humanos como el general José Francisco Gallardo y Edgar Cortés.

Otros, a la distancia, hicieron sentir su presencia, como el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, quien llamó por teléfono para que su voz fuera escuchada por todos: “A la gente de Atenco –dijo– les deseo que su resistencia pacífica sea coronada por el éxito”.

Uno a uno pasaron al micrófono. El antropólogo López y Rivas expresó que Atenco es un símbolo del afán del Estado de castigar a todo lo que se opone, lo que critica, lo que resiste. Comentó que uno de los temas de debate en la política hoy día es sobre el debilitamiento del Estado. Y sí, tenemos que discutir sobre el debilitamiento del Estado en sus obligaciones de garantizar la salud y la educación básicas para la población y el fortalecimiento en su capacidad de reprimir y permitir a los capitales apoderarse de todo lo que los pueblos poseen y producen.

El politólogo Adolfo Gilly reiteró la importancia de centrar los movimientos populares hoy día en la defensa por la libertad de los presos políticos de México, no sólo los de Atenco sino también la indígena ñañú Jacinta Francisca Marcial, de Querétaro, los ocho campesinos de Bachajón y muchos más.

Durante el acto, Rosa Nelly Urrutia, madre de Héctor Galindo, uno de los presos en el Altiplano, denunció una vez más que hace siete meses no se le permite visitar a su hijo pues, como madre adoptiva, según la autoridad penitenciaria, no ha acreditado su parentesco con el reo. Ella inició una huelga de hambre frente a Los Pinos la víspera de la visita del presidente Barack Obama a México. Un funcionario de la oficina de la presidencia, Arturo Matus, la convenció de interrumpir su protesta a cambio de intervenir para resolver su problema. Y desde entonces no me ha cumplido. Cada día de visita mi hijo me espera. Y yo no lo voy a defraudar, dijo.

Muchas cartas se recibieron y leyeron en el acto. De la presa política Gloria Arenas, desde el penal de Chiconautla; de Valeria Palma, violada y expulsada a Chile hace tres años; de América del Valle, prófuga con una orden de captura. La carta que no llegó fue la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En cambio, el FPDT dio a conocer una misiva dirigida al todas las instancias de liderazgo del EZLN, recordando que los atenquenses siempre encontraron en los zapatistas un apoyo fraterno y expresando su solidaridad a las agresiones que estos días sufren en Chiapas.

 
5月3日

A 3 años de la represión, el FPDT aún lucha por liberar a pobladores

  

 

Blanche Petrich /I

Enviado, La Jornada

San Salvador Atenco, Méx. La lógica de Paulino Zavala es irrebatible: “Si estaba ya muerto hace tres años, cuando me agarró la policía en su entrada a San Salvador Atenco, pues ahora estoy aquí, con el Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra”. Tan muerto lo habrán visto los policías que lo tundían a patadas, ese 4 de mayo de 2006, que Paulino recuerda perfecto haber oído el siguiente diálogo, antes de perder el conocimiento:

–Mi comandante, este hombre ya se nos murió.

–¡Pendejos! Les dije que no pegaran tan fuerte.

Desmayado, fue uno de los cientos de detenidos esos días. Bajo arresto fue internado en el hospital López Mateos de Toluca con dos disparos de bala, uno en el pie izquierdo y otro en la pantorrilla, varias costillas rotas, una herida en la cabeza que requirió 77 puntadas y contusiones varias en todo el cuerpo. Y la diabetes, a tope. Así de maltrecho fue internado en el penal de Santiaguito cuatro días después. Casi nunca abandonó la enfermería. A las pocas semanas fue liberado, sin cargos, sin una disculpa, mucho menos reparación del daño. A rehacer su vida, a los 63 años, en cualquiera de los dos oficios que ha desempeñado en la vida: carpintero y carnicero.

“Mire nomás –muestra su pantorrilla enjuta remangándose el pantalón– por aquí entró una bala, por aquí salió”.

Trinidad Ramírez del Valle lo pone de ejemplo: “Y como él, todos aquí, en Atenco. Tenemos la memoria tan fresca como entonces. Que no se equivoque Enrique Peña Nieto. No nos ha vencido”. Paulino interviene con filosofía: “Hay muchos gobernadores como él. Pero cada cosa tiene su tiempo. El pueblo ya se inconformó contra esos personajes, ya verán”.

Se acerca el tercer aniversario de la represión en Atenco y los activistas del Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) vuelven a salir, pese a las restricciones obligadas por la epidemia que ha congelado la vida social y política de México. Los postes y bardas de San Salvador y pueblos aledaños se han llenado de carteles conmemorativos. Destaca uno, hecho con una foto que les ha enviado el roquero plurirracial Manu Chao para que la usen en su propaganda, junto con un gran autógrafo y una consigna manuscrita: “Atenco, tierra, libertad y justicia”.

Resistir en tiempos de influenza

El programa original de la conmemoración se ha modificado y adaptado a los tiempos de la influenza. El día tres habrá adorno de la cruz de mayo de cinco metros de altura que hace un año levantaron en el cerro de Huaxtepec en honor a los caídos, pero no habrá concentración ni marcha al Distrito Federal el día cuatro.

Por lo tanto, no será posible medir ese día la adhesión que el frente sigue teniendo entre los pueblos de la región texcocana. Una adhesión que, en opinión de Marta Pérez, otra dirigente, se ha ido reconstruyendo por encima del miedo que sembró la brutalidad policiaca los días 3 y 4 de mayo de 2006. “Claro que aquí todavía hay gente traumada, que prefiere la sumisión ante la amenaza de la represión. El sentimiento de indefensión que deja en una comunidad una experiencia como la de hace tres años es muy grande. Pero nosotros hemos visto que ahora, cuando salimos a pegar carteles, la gente ya no pasa de largo sino que se acerca a preguntar cómo vamos, como están los presos. Nos dicen: estamos con ustedes”.

Marta Pérez es sicóloga, del pueblo vecino de Acuexcómac. El día de la ocupación policiaca en Atenco logró salir de las barricadas populares que bloqueaban la carretera y llegar a su casa. Sabía que había una traición interna y que algunos líderes del FPDT iban con la policía, listas en mano, señalando los domicilios de todos los líderes. Ella tomó a su madre enferma y logró huir. Fue una de las acusadas de “secuestro equiparado”. Se emitió una orden de aprehensión en su contra. Parte de su exilio lo pasó lejos de su pueblo, pero regresó: “Me disfrazaba cuando salía a la calle. La gente por lo bajo me murmuraba: ‘Cuídate’”. Un juzgado le otorgó un amparo en septiembre de 2007.

Apenas pudo se reincorporó al trabajo del frente. “Me da más miedo no luchar, ser una mexicana apática y manipulada”. Otro factor ayuda a los atenquenses. “La memoria de la derrota del decreto expropiatorio de nuestras tierras para hacer el aeropuerto en Atenco sigue latiendo. Ahora es más difícil, eso sí. Y nuestras preocupaciones son otras. La primera, sacar a nuestra gente de la cárcel”.

Entrevista colectiva al pie del mural

Trini ha dispuesto que se reúnan algunos de los protagonistas del FPDT con La Jornada en las escalinatas de la casa ejidal, al pie de los murales que recorrieron el mundo en fotografías durante los años de agitación. Paulino lanza al aire dos o tres cohetes, infalible método de convocatoria. En cuestión de minutos empiezan a llegar. Entre los primeros aparecen Manuelito Rosas y Panchito Alarcón, ambos octagenarios, la vieja guardia del movimiento.

Y varios más. Todos con muchas historias que contar.

Como la de Gil Morales. En 2002 fue apresado y brutalmente golpeado. “El cuatro en la madrugada, cuando empezó el avance de la Policía Federal Preventiva y la Agencia de Seguridad Estatal por la carretera, cerrando una pinza sobre el pueblo, nos reunimos de urgencia los hermanos. Somos 13. Dos de ellos estaban hospitalizados, graves. Resolvimos no meternos en problemas. Pero cuando llegué a mi casa me encuentro con que muchos muchachos que habían llegado a Atenco se refugiaron ahí, el peor lugar. Yo sabía que ahí iban ir a registrar porque yo había estado preso, traté de advertirles pero, ¿ya que podía hacer? Me metí a una bodega con mi esposa y mis cinco hijos. Al poco rato llegó una cuadrilla rabiosa de policías a golpear y detener a todos 38 en total. Desde mi escondite oíamos los golpes, las humillaciones, los ultrajes a las mujeres. Como no me encuentran echan gas lacrimógeno y el más pequeño de mis hijos empezó a toser. Pensé que nos iban a descubrir pero el paso de un helicóptero ahogó el ruido. ¿Ve por qué sí creo en los milagros?”

Gil ha sido comerciante y criador de puercos. Fue funcionario del PAN a nivel municipal. “Vi como mi partido dio un giro de 180 grados a su doctrina. Renuncié y me dediqué totalmente a la defensa de la tierra”. Con gente como él se fue conformando el frente donde, dice, hay ex priístas, ex panistas, ex perredistas, católicos… de todo.